Dos tesoros entre telarañas

En un pequeño pueblo, la tía de nuestros clientes necesitaba hacer obra en su desván, y ellos le lanzaron un órdago: se ocuparían de vaciarlo si podían quedarse con lo que hubiera en él.
Y allí encontraron este baúl y esta maleta desvencijados y a medio devorar por la carcoma. Las dos piezas tuvieron que pasar por tratamientos de todo tipo, hubo que reemplazar grandes partes de su estructura que se deshacían al tocarlas, recuperar los ángulos, utilizar productos que reforzaran la madera... pero de todo ello surgió un maravilloso baúl construido en 1912 con madera cruda y chapas de chocolate suizo Nestlé, y una maleta de aire renovado que ahora luce orgullosa las iniciales de su anterior propietario.